Puerto Rico: la agonía de la economía

Afirmar que en Puerto Rico la economía está muriendo, no necesariamente es una referencia al funcionamiento de la economía como tal —lo que en inglés se denomina economy—, sino a la disciplina (economics).
En la isla hay apenas 36 doctores en Economía. De esos, el 50% ya está retirado o en edad de retiro, y otro 14% lo estará en los próximos cinco años. De los que quedan activos al 2026, la Universidad de Puerto Rico (UPR) emplea cerca del 90%.
La escasez de doctores en Economía le ha generado profundos desafíos al Gobierno de Puerto Rico tanto en la administración como en la evaluación de política pública. Agencias como el Departamento de Hacienda, Oficina de Gerencia y Presupuesto (OGP), Junta de Planificación, Departamento del Trabajo y Recursos Humanos y Oficina Presupuesto de la Asamblea Legislativa (OPAL), requieren doctores a tiempo completo para la actualización de metodologías, la adopción de nuevas tecnologías y el análisis riguroso de datos con base teórica. Esta carencia ha obligado al gobierno a incurrir en contrataciones multimillonarias en el exterior, ha provocado atrasos severos que minan la confianza en las estadísticas oficiales y ha contribuido a que los estimados de recursos carezcan de precisión. Además, esta falta de capital humano es, en parte, responsable de que Puerto Rico haya caído en quiebra y no ha logrado salir de la misma.

En años recientes, las universidades privadas en Puerto Rico y la UPR han enfrentado serias dificultades para reclutar docentes con grado doctoral en Economía. Existen tres razones principales. Primero, no existe un programa doctoral en Economía en Puerto Rico. Segundo, debido a la alta competitividad de estos programas doctorales en los Estados Unidos, una proporción significativa de los estudiantes no logra superar los exámenes comprensivos, en gran medida por las exigencias matemáticas. Tercero, muchos de nuestros estudiantes más talentosos, que sí completan el doctorado, reciben ofertas de empleo altamente competitivas en los Estados Unidos y Europa. De los 15 doctores en Economía puertorriqueños graduados en los últimos 20 años en universidades de Estados Unidos, el 40% no regresó a Puerto Rico y permanece en instituciones académicas fuera del país.

El salario ha sido uno de los factores que ha causado que estos doctores en Economía no regresen. Por ejemplo, en la UPR, un doctor en Economía en una posición de entrada como Catedrático Auxiliar devenga alrededor de $62,000 anuales, mientras que en los Estados Unidos un profesor recién graduado en una posición similar recibe entre $100,000 y $135,000. En contraste, una persona con bachillerato en Economía, en una posición de Economista Principal en el Gobierno Central de Puerto Rico, puede devengar alrededor de $71,000, casi $10,000 más que un doctor. A estas brechas salariales se suma la reducción sostenida de plazas en la UPR, lo que ha provocado que estudiar un doctorado en Economía no sea percibido como una inversión rentable.

Según la Junta de Instituciones Postsecundarias (JIP) en Puerto Rico existen 74 instituciones de educación superior que, en su mayoría, requieren más de un doctor en Economía para impartir cursos básicos y especializados. Los cursos de economía mantienen una alta demanda y son requisito en programas como Ingeniería, Administración de Empresas y diversas disciplinas de las Ciencias Sociales. De continuar esta tendencia, será cada vez más difícil garantizar enseñanza de alta calidad en materia de Economía a las futuras generaciones de este país. Asimismo, se va a hacer cada vez más cuesta arriba otorgar bachilleratos y maestrías en esta disciplina.

Para principios de la década de 2030, se estima que apenas quedarán activos 13 doctores en Economía en Puerto Rico: cinco en el Recinto de Mayagüez de la UPR, cinco en el Recinto de Río Piedras y tres en otras instituciones. Trece doctores distribuidos entre 74 instituciones de educación superior, más de 40 mil empresas y al menos diez agencias de gobierno que requieren sus servicios: es imposible. En el pasado se ha lidiado con la escasez sustituyendo doctores en Economía con contables, financieros o sociólogos, aunque como es de esperarse, esto no ha producido resultados óptimos. Nadie se atrevería a sustituir, en una operación de corazón abierto, a una doctora en medicina especializada en cardiología invasiva con una enfermera que, aunque pueda ser excelente en su trabajo, no ha sido entrenada para eso. De forma similar, nuestra economía es un paciente con múltiples enfermedades crónicas que necesita de operaciones altamente especializadas.

Es imprescindible permitir que los tres departamentos de Economía de la UPR fortalezcan su capacidad de reclutamiento e igualen sus salarios con los de las Escuelas de Arquitectura e Ingeniería. Es necesario crear programas doctorales en Economía en Puerto Rico y, a su vez, invertir en el envío de jóvenes puertorriqueños con altas destrezas matemáticas a programas doctorales en los Estados Unidos. A la economía de Puerto Rico se le va la vida en ello.

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